...ahora... que nos vamos conociendo, se contempla como una dulce labor, divertida y placentera, este arduo juego de intentar limpiar de capas a la historia, a esta historia, sin romper nada. Este emerger a la luz, desnudos de miedos y trampas.
Esta foto es trabajosa, porque está muy trabajada. Y también porque encierra un mensaje delicado. Tus colores y tus motivos de siempre se aglutinan y se espesan creando una especie de argamasa, un freno, una red finísima de sutilezas por la que es imposible colarse y escapar, un muro, una pared, una puerta sin llave. La figura levemente alargada, como queriendo escapar hacia arriba si no hacia delante, y el rostro -escatimado- plegándose suavemente hacia bajo en actitud de reverencia o sumisión, o simplemente humildad. Gritos sordos en algún lugar y una especie de ruego o promesa, o ambas cosas.
El texto que la acompaña busca luz y la ofrece al mismo tiempo. Aquí no hay un alma sola, ni siquiera solitaria. Y uno, al contemplarla, agarraría una gubia bien grande, pero no de las cortantes; una gubia dulce y suave hecha de yemas, de pelos, de labios y, poco a poco, intentaría echar la pared abajo y tragarse todas las texturas.
Ostras, creo que soy adicto a tu estilo, lo veo distinto a todo.
ResponderEliminarEres original C. muy original.
Besazos enormes
...ahora... que nos vamos conociendo, se contempla como una dulce labor, divertida y placentera, este arduo juego de intentar limpiar de capas a la historia, a esta historia, sin romper nada. Este emerger a la luz, desnudos de miedos y trampas.
ResponderEliminarEsta foto es trabajosa, porque está muy trabajada. Y también porque encierra un mensaje delicado. Tus colores y tus motivos de siempre se aglutinan y se espesan creando una especie de argamasa, un freno, una red finísima de sutilezas por la que es imposible colarse y escapar, un muro, una pared, una puerta sin llave. La figura levemente alargada, como queriendo escapar hacia arriba si no hacia delante, y el rostro -escatimado- plegándose suavemente hacia bajo en actitud de reverencia o sumisión, o simplemente humildad. Gritos sordos en algún lugar y una especie de ruego o promesa, o ambas cosas.
El texto que la acompaña busca luz y la ofrece al mismo tiempo. Aquí no hay un alma sola, ni siquiera solitaria. Y uno, al contemplarla, agarraría una gubia bien grande, pero no de las cortantes; una gubia dulce y suave hecha de yemas, de pelos, de labios y, poco a poco, intentaría echar la pared abajo y tragarse todas las texturas.
Y después, la ropa.
...antes de su comentario a esta imagen le faltaba algo.
ResponderEliminarGracias por completarla.